Belleza y fealdad. Orden y desorden estético

19 Feb

Según wikipedia, Belleza es una noción abstracta ligada a numerosos aspectos de la existencia humana. Este concepto es estudiado principalmente por la disciplina filosófica de la estética, pero también es abordado por otras disciplinas como la historia, la sociología y la psicología social. Vulgarmente la belleza se define como la característica de una cosa que a través de una experiencia sensorial (percepción) procura una sensación de placer o un sentimiento de satisfacción. En este sentido, la belleza proviene de manifestaciones tales como la forma, el aspecto visual, el movimiento y el sonido, aunque también se la asocia, en menor medida, a los sabores y los olores. En esta línea y haciendo hincapié en el aspecto visual, Tomás de Aquino define lo bello como aquello que agrada a la vista (quae visa placet). La percepción de la «belleza» a menudo implica la interpretación de alguna entidad que está en equilibrio y armonía con la naturaleza, y puede conducir a sentimientos de atracción y bienestar emocional. Debido a que constituye una experiencia subjetiva, a menudo se dice que «la belleza está en el ojo del observador».En su sentido más profundo, la belleza puede engendrarse a partir de una experiencia de reflexión positiva sobre el significado de la propia existencia.

La caracterización de una persona como «bella», ya sea de forma individual o por consenso de la comunidad, a menudo se basa en una combinación de belleza interior, que incluye los factores psicológicos —por ejemplo, congruencia, elegancia, encanto, gracia, integridad, inteligencia, personalidad y simpatía—, y belleza exterior, es decir, atractivo físico, que incluye factores físicos —tales como juventud, medianidad, salud corporal, sensualidad y simetría—. Por ello, las personas cuyos rasgos faciales son simétricos y poseen la proporción perfecta, según unos cánones de belleza establecidos según culturas y períodos de tiempo, son más atractivas.

La fealdad es una propiedad de una persona o cosa que no es agradable de mirar y trae como consecuencia, una evaluación muy desfavorable. Ser feo es ser poco estético, repulsivo u ofensivo. Al igual que su opuesto, la belleza, la fealdad implica un juicio subjetivo y esta por lo menos en parte, en el “ojo del observador”, tampoco se debe olvidar la influencia ejercida por la cultura del “observador”. Así, la percepción de la fealdad puede ser errónea o miope, como en el cuento de El patito feo de Hans Christian Andersen.
A pesar de que la fealdad es normalmente considerada como una característica visible, también puede ser un atributo interno. Por ejemplo, una persona se puede considerar atractiva por fuera pero por dentro irreflexiva y cruel. También es posible estar de “mal humor”, que es un estado interno de desagrado temporal. La fealdad es algo que esta en la mente, esta tiene su origen en la consideración del “ojo observador” y de la autoestima que se desarrolla en las personas al ver los estereotipos de hombres y mujeres agradables a nuestros sentidos de percepción.

La estética es una reflexión filosófica que se hace sobre objetos artísticos y naturales, y que produce un «juicio estético». La percepción sensorial, una vez analizada por la inteligencia humana, produce ideas, que son abstracciones de la mente, y que pueden ser objetivas o subjetivas. Estas ideas provocan juicios, al relacionar elementos sensoriales; a su vez, la relación de juicios es razonamiento. El objetivo de la estética es analizar los razonamientos producidos por dichas relaciones de juicios. Por otro lado, las ideas evolucionan con el tiempo, adaptándose a las corrientes culturales de cada época.

Lo bello consiste en la debida proporción, porque los sentidos se deleitan con las cosas bien proporcionadas. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica I q. 5 a 4 ad 1

Nihil absolutum pulchrum, sed ad aliquim pulchrum (Nada es absolutamente bello, sino que todo es bello en relación con alguna cosa).
Giordano Bruno, De vinculis in genere III, 63

La belleza no es una cualidad de las cosas mismas: existe tan sólo en la mente del que las contempla y cada mente percibe una belleza distinta. Puede incluso suceder que alguien perciba fealdad donde otro experimenta una sensación de belleza; y cada uno debería conformarse con su sensación sin pretender regular la de los demás. David Hume, Ensayos morales, políticos y literarios

¿Acaso amamos algo fuera de lo bello?. San Agustín, Confesiones IV, 13

En verdad no hay belleza más auténtica que la sabiduría que encontramos y amamos en algún individuo, prescindiendo de que su rostro pueda ser feo y sin mirar para nada su apariencia, buscamos su belleza interior. Plotino, Enéadas, V, 8

Según un artículo en El País, desde la antropología del cuerpo, este (el cuerpo) se concibe como un bioartefacto fruto de complejos procesos de incorporación de normas sociales que nos convierten en miembros de una especie caracterizada por un alto grado de sofisticación cultural. El cuerpo humano no se considera, pues, como un ente natural, dado que su percepción siempre es mediada por la cultura. Su importancia como signo de identidad personal y éxito en la cultura visual de consumo contemporánea fue impulsada en los Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo XX.

Tras desarrollar técnicas de cirugía plástica para reconstruir a los heridos de la I Guerra Mundial, los cirujanos buscaron nuevos mercados coincidiendo con la incorporación masiva de las mujeres al trabajo. La psiquiatría acuñó el “complejo de inferioridad” que asocia el bienestar psicológico con un físico modelado según los patrones de belleza normativos. Se consolida una noción del cuerpo como una posesión individual, plástica y moldeable, cuya transformación promete liberarse de complejos y lograr la felicidad, entendida esta como el resultado de la movilidad social ascendente de las mujeres mediante el acceso a mejores lugares de trabajo y/o a un matrimonio ventajoso.

Las imágenes y narrativas de éxito mediante el trabajo y la capitalización corporal, ejemplificadas por modelos o profesionales del espectáculo, son el vehículo publicitario de dicha promesa, que ya se concibe como un derecho al perfeccionamiento personal. Sin embargo, sus representaciones visuales, lejos de ser inocentes o neutrales, transmiten pautas de comportamiento que regulan género, expresión emocional, sexualidad, etcétera, colonizan nuestra imaginación y conforman una noción de lo estético no desprovista de violencia simbólica. Los ideales, tanto de masculinidad como de feminidad, conllevan pesados mandatos de género que conviene cuestionar.

La industria propone y el/la consumidor/a dispone: es hora de promover el alfabetismo visual crítico para descodificar los valores encriptados en las imágenes, de desarrollar un nuevo modo de ver más representativo de la diversidad y de exigir modelos de belleza que reconduzcan lo estético, de la mera posesión de cuerpos supuestamente ideales al ámbito de los sentidos y la erotización de toda la personalidad. Se respira la necesidad de un nuevo estilo: una organización sensorial (o aisthesis, en griego, origen etimológico de “estilo”) más consciente y soberana, ajena al incesante cambio de las modas (del artificial is beautiful al retorno de lo natural), eximida del mandato de la posesión y cercana a la experiencia gozosa del ser que comparte en libertad.

Montse García

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