El estrés se relaciona con algunas enfermedades de la piel

1 Dic

El estrés tiene un rol fundamental sobre algunas afecciones dermatológicas. No sólo puede causar la aparición o empeoramiento de numerosas enfermedades de la piel, sino que en muchos casos también puede ser el factor que las desencadena. Por ejemplo, la psoriasis, la rosácea, el acné, el vitiligo, el herpes, la alopecia, el eccema y la dermatitis ceborreica, son algunas de las enfermedades que mantienen un vínculo estrecho con el estrés.

 Esta opinión está respaldada por estudios que demuestran que algunas enfermedades inflamatorias crónicas de la piel como la rosácea, el acné y la psoriasis, tienden a extenderse cuando una persona pasa por un período muy estresante. El dermatólogo y psicólogo clínico Richard G. Fried de Pennsylvania ha afirmado que la gravedad de ciertas enfermedades de piel puede reducirse si la persona logra controlar sus niveles de estrés de una forma más eficiente. Fried indica que el estrés es personal, de modo que lo que podría ser estresante para una persona puede que no sea estresante o ni siquiera estimulante para otra, diciendo que está a favor de un método combinado para mejorar el bienestar físico y emocional del paciente.

El estrés libera en el cuerpo algunas sustancias químicas inflamatorias conocidas como neuropéptidos. Estas sustancias también pueden causar entumecimiento, picores y hormigueos, junto a innumerables otras incomodidades en la piel”, informa PsychCentral. De este modo, es importante combatir el estrés a la hora de acabar con las enfermedades crónicas de piel.

Según la Academia Americana de Dermatología, existe una relación causa-efecto entre las emociones negativas –estrés, depresión, ansiedad- y ciertas afecciones cutáneas. Es decir, la piel y la mente están estrechamente relacionadas. Hay muchas enfermedades cutáneas que surgen o se agravan por cuadros psicológicos como por ejemplo el estrés o la depresión, y no es únicamente una cuestión de piel, porque el estrés puede convertir unas uñas sanas en quebradizas, provocar una caída masiva del cabello o generar excesiva sudoración. Por otro lado, además existen enfermedades psicológicas causadas por enfermedades de la piel, como por ejemplo las depresiones e inseguridades de adolescentes producidas por el acné.

Por tanto, de acuerdo a la Academia Americana de Dermatología, los métodos dermatológicos de hoy, combinados con las terapias anti-estrés adecuadas, son capaces de reducir el estrés y sus consecuencias sobre la piel de forma rápida y eficaz.

Según un artículo publicado en el Blog de la piel sana, expresa la misma línea de opinión junto con otras aportaciones. La psicodermatología demuestra que el estrés causar enfermedades en nuestra piel. Desde antes de nacer, nuestro cerebro y nuestra piel ya están íntimamente relacionados. Con frecuencia, la dermatitis, la psoriaris o el acné son consecuencia de situaciones emocionales que nuestra mente no logra controlar. Procuremos dominar el estrés para mantener nuestra piel sana y con aspecto agradable.

El estrés psicológico es un estado de activación fisiológica excesiva del organismo causado por vivencias con fuerte carga emocional. Como un automóvil que circula a demasiadas revoluciones, el organismo se esfuerza por adaptarse. Pero si una situación nos abruma durante mucho tiempo, igual que un automóvil termina por estropearse, el organismo estresado sucumbe a la enfermedad. Este fenómeno se llama somatización. Como veremos, existe una estrecha relación entre la mente y la piel, que sufre rápidamente los efectos del estrés. Por tanto, para mantener nuestra piel sana es necesario aprender a manejar el estrés emocional.

La piel, el espejo del alma

La piel es el escaparate del cuerpo y el reflejo de nuestro estado de ánimo. La función protectora y el aspecto de la piel se alteran visiblemente ante situaciones de estrés continuo, que pueden desencadenar enfermedades como la dermatitis atópica (eczema), la psoriasis, el acné o incluso el herpes zóster. Lo que dicen los expertos en psicodermatología, que estudia los efectos del estrés psicológico sobre la salud de la piel, es revelador.
Cuando una situación nos agobia durante más tiempo del que quisiéramos y tenemos la sensación de no poder hacer nada por cambiarla sufrimos estrés psicológico. El primero en responder es nuestro sistema nervioso, con el cerebro al mando. Sabemos que el estrés desencadena y empeora la mayoría de trastornos cutáneos inflamatorios, autoinmunes y alérgicos. Pero, ¿por qué altera el estrés el normal funcionamiento de la piel?. Hoy en día hay explicaciones científicas.

Desde antes de nacer

Durante el desarrollo del feto, las células que forman el tejido de la piel y el sistema nervioso se originan en la misma capa embrionaria, el ectodermo. Por ello ambos órganos dialogan entre sí durante toda la vida, usando el mismo lenguaje molecular y los mismos interlocutores: el sistema endocrino (que libera hormonas) y el sistema inmunitario (que nos defiende ante la invasión de gérmenes patógenos).
El cerebro interpreta y evalúa cada acontecimiento vital. Cuando el resultado es impotencia o sensación de amenaza, ordena al sistema endocrino que libere hormonas del estrés, que viajan por la sangre y llegan a la piel. Una de ellas, la hormona liberadora de la corticotropina (CRH), activa unas células (mastocitos) que ensanchan los vasos sanguíneos y vuelven más sensibles las terminaciones nerviosas. Es ahí donde se liberan citoquinas, que son moléculas del sistema inmunitario que causan la inflamación de la piel. Además, los mastocitos finalmente se deshacen y liberan gran cantidad de histamina, que produce reacciones alérgicas como la urticaria. Todo ello provoca que la piel enrojezca, escueza, se escame, o se formen ampollas.
Pero hay más. En la dermatitis crónica, que puede estar causada por el estrés, la hormona CRH se fabrica y libera en el interior de los folículos pilosos (raíces de los pelos), de modo que la inflamación adquiere vida propia en las células que forman la piel. Este sofisticado engranaje se conoce como sistema neuro-inmuno-cutáneo y explica por qué algunas enfermedades de la piel persisten o aparecen una y otra vez en una misma persona. El estrés continuo o repetido llegaría a generar una “memoria” en la piel que convertiría al organismo en más susceptible a los efectos del estrés en situaciones futuras.

Reducir el estrés

Cuando no podemos expresarnos con palabras ni afrontar el malestar, nuestra piel habla por nosotros. Expresar nuestras emociones negativas, hacer deporte, meditar y hacer yoga son algunas prácticas que nos ayudan a afrontar el estrés.
Por si con eso no bastara, unos investigadores de la Universidad de Queensland (Australia) presentaron a la industria cosmética un espray con aroma de hierba recién segada y hojas cortadas que, aseguran, reduce el estrés. Curiosamente, la formulación es tal que la fragancia no es apreciada por el olfato humano. El efecto sobre el estrés se produce porque el producto actúa sobre determinadas áreas del cerebro que lo regulan. Actualmente este producto ya se usa para ropa de cama y vestidos, pero pronto podríamos verlo entre los ingredientes de champús, geles de baño, cremas o perfumes.

Montse García

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