¿Por qué tenemos celulitis?

15 Dic

Aunque existe una muy variada opinión a cerca de si hay que considerarla como enfermedad o no, lo cierto es que la celulitis o lipodistrofia ginecoide afecta aproximadamente al 90% de las mujeres y podría definirse como una alteración formal y fisiológica del tejido celular subcutáneo que lo incapacita tanto para cumplir sus funciones normales de transporte de oxígeno y alimento a las células como para la eliminación de los productos de desecho. Más frecuente en mujeres (obesas o delgadas) que en hombres debido a las diferencias de distribución de la grasa, el músculo y el tejido conectivo entre la piel de la mujer y del hombre, junto a posibles factores hormonales. Aparece en varias zonas del cuerpo, principalmente en muslos, nalgas, glúteos, alrededor de caderas o en el vientre.

Por debajo de la dermis, encontramos el tejido celular subcutáneo, compuesto por células esencialmente adiposas, fibras y líquido intercelular. Nutrido por una red sanguínea, recorrido por finos complejos nerviosos y con un mecanismo de vasos linfáticos. Además de dar forma, turgencia y elasticidad a la piel, el tejido celular subcutáneo cumple otras muchas funciones como: sostén mecánico (entre tejidos, músculos y piel), vía de intercambio entre sangre y tejidos (aporta alimento y evacua desechos), almacén de reserva (células adiposas), centro inmunológico (protege ante las infecciones), reparador de lesiones (regenera los tejidos)  y regulador de la termogénesis (intercambio de calor entre el organismo y el medio ambiente.

La grasa que ingerimos con la comida se absorbe desde el intestino y es transportada hasta las células adiposas a través de la sangre. Cuando necesitamos energía, los triglicéridos de reserva del interior de las células adiposas se descomponen mediante el proceso de la lipólisis, liberándose los ácidos grasos para “alimentar” a los músculos.

Un desequilibrio entre la producción de grasa (lipogénesis) y descomposición de las grasas (lipólisis) dentro de las células conduce a la formación de grandes células de grasa que sobresalen hacia la superficie de la piel, aumentando la presión en el tejido, disminuyendo así la microcirculación local que resulta en la disminución de la lipólisis. La combinación de fibras gruesas, rígidas y aumento del tejido adiposo, junto con la modificación de los tejidos causados por la retención de líquidos, dan lugar a una piel con hoyuelos o “piel de naranja“.

Por lo tanto, y de acuerdo a lo expuesto con anterioridad, una posible explicación al proceso de formación de la celulitis podría ser la que detallamos a continuación:

  • Aumento de la carga de triglicéridos a nivel adipocitario con aumento del volumen celular de los mismos. Los adipocitos se inflan a causa de la absorción y almacenamiento de ácidos grasos procedentes de la alimentación, comprimiendo el tejido conjuntivo de soporte y los vasos sanguíneos y linfáticos que les rodea.
  • Las fibras de colágeno que conectan la grasa con la piel pueden estirarse, romperse o templarse, permitiendo que las células de grasa protruyan, lo cual crea el aspecto rizado u ondulado de la celulitis. Cuando la estructura se degrada, acaba causando un engrosamiento del tejido conjuntivo, que se endurece y se vuelve fibroso, produciéndose una pérdida de los intercambios metabólicos, ralentización de la microcirculación y estasis venoso con edema
  • Reacción inflamatoria que puede resultar dolorosa como consecuencia de la compresión de las terminaciones nerviosas. Formación de un tejido compacto y fibroso con alteración de la microcirculación.
  • Este proceso se perpetúa debido a la mala circulación de sangre provocando el estancamiento de los residuos metabólicos e iniciándose un círculo vicioso, incluyendo la estasis de fluido, la alteración del tejido conectivo y el aumento de los adipocitos. Por lo tanto, el acumulo de grasa en las células grasas, y el depósito en el tejido intersticial de líquidos y toxinas de forma continuada (estasis de agua y proteínas) provoca una alteración en la estructura y apariencia de la piel (aparición de fibrosis), que se vuelve más esponjosa y con hoyuelos o “piel de naranja”.

El predominio de una u otra alteración determina la aparición de varios tipos de celulitis: la celulitis de tipo adiposa (con predominio de infiltración grasa), la celulitis edematosa (con predominio de acúmulo de líquidos y toxinas) y la celulitis fibrosa (con predominio del componente fibroso e inflamatorio).

Como un problema complejo que es, ya que afecta tanto a las células grasas, como al tejido intersticial, sistema linfático y a los pequeños vasos sanguíneos, la celulitis puede tratarse desde diferentes frentes para atacar a los adipocitos, movilizar los líquidos estancados y aumentar la circulación cutánea y subcutánea.

Hay diversos factores que pueden desencadenarla como por ejemplo los malos hábitos alimentarios, el sedentarismo, el estrés, los trastornos de la circulación venosa y linfática, los trastornos hormonales por exceso de estrógenos, factores genéticos, entre otros. Controlando estos factores y conociendo las causas para cada caso en particular (grado de desarrollo, tipo o ubicación de la celulitis), podemos prevenirla y/o mejorarla mediante diversos tratamientos y la adopción de buenos hábitos de vida saludable (dieta, ejercicio, masajes, cosméticos, o tratamientos más invasivos como mesoterapia, etc.). Lo más importante es que cuanto antes se aborde el problema, mejores serán los resultados.

Montse García

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