Belleza y maquillaje en el Renacimiento

12 Mar

maquillajerenacimiento

En el Renacimiento la tendencia era llevar cejas  finas y  tez muy blanca haciendo también uso de los coloretes. Las mujeres depilaban la frente para darle amplitud y las cejas al punto de hacerlas desaparecer. Se maquillaban los ojos, los ojos se delineaban con negro, mientras que los párpados eran coloreados con  azul o verde y los labios llevaban colores rojos intensos en forma de corazón. También solían pintarse lunares, ya que se consideraban estéticos. Se teñían el pelo color rubio y adornaban sus tocados. Se siguió manteniendo la poca higiene corporal, pero se aplicaban perfumes para ocultarlo.

En el Renacimiento retornaron los cosméticos con inusitada fuerza. La estética femenina envuelve la vida de la Italia renacentista. En el siglo XVI los monjes de Santa María Novella, crean el primer gran laboratorio de productos cosméticos y medicinales.

Las venecianas, además del rostro se maquillaban los pechos, usaban perfumes traídos de Asia e impusieron en Europa el gusto por el pelo rojo. Para conseguir ese tono se realizaban mezclas de sulfuro negro, miel y alumbre y se exponían los cabellos al sol. También se podían elegir el rubio ceniza, el “hilo de oro” y el azafrán. Las manos se suavizan con miel y limón. Como dentífricos se usan las hojas de salvia mezcladas con carbón de madera, y mezcla de opio. Los primeros tratados de cosmética y belleza aparecieron en Francia e Italia durante estos siglos. En 1573, en Italia en el libro de Catalina de Sforza “Experimentos” hay toda clase de recetas de cosmética y perfumería, escritos sobre maquillaje y para corregir defectos del cuerpo. En París, Catalina Galigai, amiga de Catalina de Médicis abrió el primer Instituto de belleza. En la corte de Isabel I de Inglaterra, se popularizaron la salvia para blanquear dientes, los pétalos de geranio como rojo de labios. También utilizaban productos peligrosos como el albayalde para blanquear la piel del rostro y el escote, productos a base de mercurio para colorear los labios o eliminar manchas, tinturas para el cabello con sulfuro de plomo, cal viva y agua.

Siglos XVII-XVIII. La higiene personal brilla por su ausencia. Para eliminar el mal olor se usa muchos perfumes. Tanto hombres como mujeres se maquillan. Las mujeres utilizan postizos y tocados grandes. Las mujeres llevan el rostro blanco y los ojos pintados. En este período se ponen muy de moda llevar lunares, unas veces se lo pintaba y otras se lo hacía de terciopelo.

Las mujeres hispanas de la época se muestran interesadas por el aspecto físico, a pesar de las directrices de moralistas y religiosos. Era una época marcada por el peso social que se concedía a la imagen de los demás, en especial de las mujeres. Lo exterior llama y mantiene la atención con el fin de alcanzar reconocimiento; la honra se refleja en el traje, el tren de vida y la calidad social heredada.

… “Son cosas que las mujeres / siempre esconden de los hombres.”, dice, Dorotea a Florero en La bella malmaridada, de Lope de Vega (ss. XVI-XVII),  cuando es preguntada por su mercancía cosmetológica. Empolvarse los cabellos con varios colores se convirtió en la moda imperante en la Francia del siglo XVI. Los polvos, liberalmente aplicados tanto a los cabellos auténticos como a las pelucas, eran harina de trigo blanqueada y pulverizada, intensamente aromatizada.

El siglo XVII puso de moda ser joven rubia de largos cabellos; las damas se aclaraban el pelo con lejía, se pintaban las cejas con sulfuro de antimonio y se blanqueaban la cara, el escote y las manos con soliman (sublimado corrosivo) y se pintaban los labios en forma de minúsculo corazón. La francesa d’ Aulnoy cuenta en Relación del viaje de España, publicada en 1691, los detalles del quehacer que lleva a cabo una señora del momento para adecentarse una vez levantada: colorete para los dedos, frente, hombro, mejillas, mentón, nariz, orejas, manos; la utilización de perfume por todo el cuerpo.

En el siglo XVIII se usaban polvos de harina de arroz esparcidos por cuello y hombros y se pintaban lunares en la cara y espalda. El rojo es el color de moda, hay rojo para utilizar durante el día y rojo más apagados por la noche. En la década de 1780, la aplicación de polvos sobre cualquier tipo de peinado, natural o artificial, había llegado a la exageración de Maria Antonieta. El cabello se peinaba, rizaba y ondulaba, y se le confería mayor volumen con profusión de postizos hasta formar torres fantásticas. Seguidamente, se empolvaba en diversos colores: azul, rosado, violeta, amarillo, blanco… pues cada uno tuvo su momento de moda. En el año 1792, la revista británica Gentlemen’s Magazine comentaba que las mujeres, con sus cabellos totalmente blancos y sus caras de un rojo violento, parecían ovejas desolladas.

Los productos de belleza eran elaborados artesanalmente para comprarse en los lujosos establecimientos de Faubourg Saint Honore.

Montse García

Una respuesta to “Belleza y maquillaje en el Renacimiento”

  1. luis mayo 5, 2013 a 1:09 am #

    Deliciosa lectura.Con buena sintesis;el relator lleva al lector,a “oler” los perfumes y a “ver” los colores que impone la moda de la epoca.Si me pudiese eviar material sobre la higiene y la lenceria de las venecianas del s xvlll le agradeceria.Desde ya agradecido.

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