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El rey del Bótox. ¿En que consiste su trabajo?

12 Ene

El Dr. Sebagh, es el artífice de los rellenos con los que Hollywood se ha cambiado la cara. Jean Louis Sebagh, conocido como Mr. Bótox, explica en Smoda el día a día en su trabajo e interesantes reflexiones. Este cirujano francés de 57 años lleva 20 ralentizando el paso del tiempo a golpe de inyecciones de Bótox.

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La medicina estética no existía hace 30 años, yo la inventé», afirma Jean Louis Sebagh, sentado en una camilla de su clínica parisina. Este francés de origen español, sonrisa pícara y ojos vivarachos ha revolucionado la belleza. Y ha divido a la sociedad entre los que adoran el Bótox y los que no. Cindy Crawford, Madonna o Elle MacPherson son algunos de los rostros que han pasado por sus manos. Hay otros, menos conocidos: aristócratas, amantes de magnates, princesas. Y otros todavía más anónimos. Sebagh trata a una media de 22 pacientes al día. Los lunes y martes, en su consulta parisina; los jueves y viernes, en Londres.

Algunos como Sophie (nombre falso) llevan cuatro años visitándolo. Sebagh estudia la cara de su cliente. Marca con rotulador varios puntos, prepara la jeringuilla e inyecta Ácido hialurónico. Tarda cinco minutos. Luego le toca el turno al Bótox. Otros cinco minutos. «Las sustancias llevan anestesia. Hace unos años, no», precisa. Sophie aguanta como puede; se sujeta a la camilla y mantiene la respiración. Es rubia y ronda los 50. Los pinchazos dejan unas marcas violáceas en su piel, desaparecerán en unas horas. Ácido hialurónico para moldear el rostro, Bótox para relajar sus músculos, vitaminas para reavivar la piel y sangre propia para acelerar el proceso de cicatrización. El futuro de la belleza ya está aquí. La primera piedra la puso en 1983 el colágeno, una sustancia nacida en EE UU. La segunda, la grasa, que ya casi no se usa en el rostro. Y la última ya en 1999, el Ácido hialurónico. Es la revolución de las sustancias de relleno. «Pero el verdadero progreso llega cuando los laboratorios y yo transformamos el Ácido hialurónico en algo viscoso». El hallazgo permite inyectarlo bajo la dermis y no en la superficie. «Entonces dejamos de hablar de arrugas para hacerlo de volumen». El otro protagonista es el Bótox, con sus 20 años de uso.  «Se celebra el 10º aniversario de su aprobación [EE UU admitió la toxina botulínica en 2002; España, en 2004], pero los médicos lo usamos desde 1992. Si llegamos a esperar a que la permitieran, habríamos muerto de aburrimiento».

Algunos casos son complicados. Una morena de pelo corto y ojos azules con mono y bailarinas entra en la habitación. Tiene 35 años y es británica. Tiene pinta de exmodelo. Es su segunda vez. «Los perfiles angulosos como el suyo son complicados», explica Sebagh. La morena odia las agujas. Tararea para olvidar el dolor; no lo logra y se le saltan las lágrimas. Cuando todo ha terminado, Sebagh masajea el producto en el interior de sus pómulos. Lo asienta. «Parece sistemático pero este trabajo tiene un componente artístico». Vaya si lo tiene. La mayoría de sus pacientes conserva la expresión. No todos los rostros plásticos pueden decir lo mismo. La automatización tiene ventajas: el tratamiento dura un suspiro, se sufre menos y a Sebagh le permite sumar 4.000 visitas anuales. Pero también desventajas; incita al intrusismo. Todos quieren ser médico estético. «Cuando abandoné el bisturí tras 25 años, mis compañeros me trataron como a un loco. Pero hace 10, el bótox se democratizó. Hoy es un fenómeno mundial. Allí donde vas, te pinchan: Arabia Saudí, Azerbaiyán, Venezuela, Japón… La medicina estética está llena de incompetentes, de dentistas y enfermeras que inyectan, y la culpa es de los cirujanos. Perdieron el tren por falta de visión». Los liftings creaban clones; el relleno, también. Es el New New Face, el nuevo nuevo rostro. Así bautizó el escritor Jonathan Van Meter la uniformidad de las caras plásticas de Hollywood. Sus códigos: pómulos torpedo, frente inmaculada, mentón angular y piel lozana. El nuevo look arrasa. Y borra facciones en rostros cada vez más jóvenes. «Hacen falta dos para querer. El loco no es solo el médico, el paciente también es responsable de esa relación», sentencia. Y añade: «La anatomía de la expresión es un arte. Quien no tiene ese don, uniformiza».

Óscar (nombre ficticio) tiene 44 años. Es fiel a Sebagh desde hace 11. Su rostro parece de porcelana. Tiene arruguitas, pero son armoniosas. Casi no se nota que lleva bótox. Esta tarde quiere una buena ración. Sebagh se niega. Le pondrá lo justo. Ríen y charlan sobre sus continuos tiras y aflojas. Sebagh hace malabares con las microcánulas: las clava, les da vueltas, las inyecta donde quiere: en la frente, las patas de gallo, la nariz, los pómulos, el labio superior, el mentón, el cuello… «Para dedicarse a esto hay que ser humano». Y cirujano, al parecer: «He hecho maxilofaciales, rinoplastias… estas operaciones extremas me han curtido; me han dado manos de escultor». Dice que es capaz de ver bajo la piel.

La bombilla se le encendió en Los Ángeles: «Viajé a EE UU en los 80 porque me atraía el concepto caricaturesco de la estética. Me encontré con clones. Eran todas iguales. Allí encajaban, pero fuera…». ¿La solución? «Crear un canon global; la belleza fusión». Su búsqueda del santo grial tiene chicha. «La clave es mantenerse. Ralentizar el envejecimiento, no pararlo. Mi idea: ocupémonos de las treintañeras con técnicas no invasivas –léase pinchazos– y evitaremos el bisturí». Su filosofía ha operado un cambio silencioso en la sociedad. La transformación será más evidente en 50 años: nos dividiremos entre los que recurrieron al bótox y los que no. «Es una sustancia preventiva. Actúa sobre los músculos depresores y evita que la piel se descuelgue. No hay edad para empezar. Mis pacientes tienen entre 20 y 87 años». Él es su mejor obra: 57 años y mucha planta. Asegura que duele más pinchar al paciente. «Estas técnicas obran milagros en los hombres. Yo fruncía el ceño constantemente; parecía enfado. El bótox me relajó y hoy tengo cara de simpático». Es cierto. Las mujeres son mayoría: 85% frente al 15%. «Alcanzamos el 20% de hombres, pero con la crisis…». ¿Las vacas flacas se han traducido en menos clientes? «No. El número de mujeres ha subido. Muchas se divorcian a los 40. Y les toca rehacer su vida. La mujer no mira el reloj como el hombre. Debe mantenerse». Le cuentan casi todo. «He vivido su primer matrimonio, su segundo divorcio…». Pero no por qué se pinchan. Él no lo pregunta. «¿Y por qué iba a preguntar?. Me parece lógico que lo hagan. Todos –ricos y pobres– queremos ser jóvenes. Es un deseo universal. La belleza es riqueza. Sobre todo para la mujer. Permite escalar en la sociedad». Eso sí, no sale barato; una sesión de Bótox cuesta entre 400 y 500 euros. La de ácido hialurónico, entre 800 y 2.500 euros.

¿Nacionalidades en alza? «Los rusos y asiáticos. En Asia viven la locura del Bótox. Es como en EE UU con el bisturí hace 30 años. No lo necesitan, pero se ponen sin parar». Dicen que cuando se prueba, no hay vuelta atrás, porque la piel se estira al rellenarla y crea arrugas cuando las sustancias se reabsorben.

Montse García

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¿Bótox, Ácido Hialurónico o Mesoterapia facial con Ácido Hialurónico?

9 Ene

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¿Bótox, Ácido Hialurónico o Mesoterapia facial? ¿Cuál necesito?

En los últimos tiempos han aparecido dos estrellas del rejuvenecimiento facial: el Bótox y el Ácido Hialurónico. Sin embargo, ¿Cómo sabemos cuál es el que necesitamos?

Realmente, cada tratamiento tiene una finalidad muy definida y marcada y, aunque comparten algunos aspectos, no son lo mismo.

Ácido Hialurónico

El Ácido Hialurónico es una molécula que se encuentra de forma permanente y natural en nuestra piel. Nacemos con ella y se encarga de hidratar y mantener terso nuestro cutis. Su función consiste en retener el líquido bajo la dermis, para, desde dentro, tensarla y mantenerla luminosa.
Sin embargo, a partir de los 25 años, esta molécula empieza a disminuir… El paso de los años va aminorando su concentración en nuestra piel, lo que provoca su deshidratación y su distensión para, finalmente, dejar aparecer las arrugas.

El Ácido Hialurónico se utiliza precisamente con el fin de devolverle a la piel su aspecto original y juvenil. Al inyectarlo, se rellenan las arrugas y se le devuelve a nuestra dermis su concentración de Ácido Hialurónico inicial, el que había antes de que lo perdiésemos.

Su uso está especialmente recomendado en el tercio inferior de la cara y es altamente eficaz en el relleno de los surcos naso genianos; los pómulos, las arrugas alrededor de los labios (popularmente denominado “código de barras”) y el entrecejo.
Sin embargo, también es especialmente útil en el relleno de labios para aumentarlos, el realzamiento de los pómulos, la corrección de pequeños huecos en el mentón e, incluso, para mejorar el aspecto de manos, escote y cuello. Sus efectos son muy naturales y satisfactorios.

Ácido Hialurónico con vitaminas o Mesoterapia facial

Las infiltraciones de Ácido Hialurónico con vitaminas son lo que popularmente se ha querido llamar Mesoterapia facial. A las ventajas del Ácido Hialurónico, sumamos la de las vitaminas, lo que proporciona un rejuvenecimiento aderezado con un retraso en la aparición de arrugas y líneas de expresión, una mejor hidratación natural, luminosidad y mejora del tono de la dermis. El resultado es una piel más joven, con un aspecto más sano y vital de la piel.

Bótox

El Bótox es el nombre comercial de la toxina botulínica. Su mayor efecto es la relajación de los músculos de forma temporal, lo que hace disminuir las arrugas, rehuyendo movimientos dañinos en las líneas de expresión y evitando que la piel se dañe más y la arruga aumente su profundidad.
Es especialmente recomendado para aquellas personas que empiezan a notar la aparición de líneas finas en su rostro y de aquellas que desean corregir arrugas en entrecejo, frente y patas de gallo.

Bótox + Ácido Hialurónico

Lo cierto es que la combinación de ambos tratamientos puede ser muy recomendable en algunos casos de arrugas marcadas o muy concentradas. En estos casos, los músculos relajados con Bótox, permiten que las infiltraciones realizadas con Ácido Hialurónico duren más tiempo y tengan un efecto más visible. El resultado es un rejuvenecimiento natural y elegante.
Además, el Ácido Hialurónico permite eliminar pequeñas líneas de expresión que tras la aplicación del Bótox aún quedan visibles, lo que permite mejorar los resultados finales.

¿Qué tienen en común estos tratamientos?

  • En todos los casos deben ser aplicados por un médico titulado y especialista, cirujanos de la Unidad de Cirugía Plástica y Reparadora.
  • En todos los casos, un médico especialista debe recomendarte dónde y cómo mejorar tu rostro.
  • La duración es de alrededor de 6-12 meses y se reabsorben de manera paulatina.
  • Todos tienen un efecto rejuvenecedor y pueden aplicarse de forma simultánea para optimizar resultados y alargar los efectos en el tiempo.
  • Son recomendados para hombres y mujeres por igual.
  • No pueden aplicarse en mujeres embarazadas o en período de lactancia.

Fuente: Policlínica Barcelona

Montse García

¿Infiltraciones o cremas premium?

5 Ene

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Encontramos cremas de más de 200 € y un vial de Bótox alrededor de 300-400 €.  Algunas personas, sorprendidas con el precio que alcanzan algunos cosméticos, se plantean si merece la pena ponerse en manos de un especialista y recurrir a las inyecciones.

¿Hace el mismo efecto sobre la piel una crema premium (de alta gama) que una infiltración?

Son distintos los efectos y hay que valorarlos desde la propia problemática, dónde actúan y cómo actúan. La cosmética actúa de manera tópica sobre la epidermis; sin embargo, las infiltraciones alcanzan un nivel mucho más profundo y tienen distintas acciones según la propia sustancia a infiltrar. Las más usadas como son Bótox o Ácido Hialurónico: Bótox para paralizar los músculos para que no se contraigan y que no salgan arrugas, y Ácido Hialurónico u otras sustancias para rellenar los surcos.

La crema protege el manto hidrolipídico y, según la concentración de activos, tendrá más o menos efectividad. No es comparable a un tratamiento médico porque una infiltración penetra en la barrera de la piel. Por lo tanto, se puede deducir que no son comparables ni sustituibles pero sí que son complementarias en la mayoría de los casos.

Montse García

Diferencias entre Botox y Ácido Hialurónico

18 Nov

Con fines estéticos, junto al Botox, se trata de la sustancia más demandada para tratar la piel y mejorar su aspecto de forma considerable. Botox es también un tratamiento inyectable como AHA, pero no es un relleno facial.

Diferencias entre Botox y Ácido Hialurónico

La diferencia entre las dos está en que el Botox se aplica en zonas de movimiento, para debilitar o paralizar los músculos. Congela los músculos que causan las arrugas. Se llama dinámica porque se aplica en las arrugas que aparecen como resultado del movimiento, como las expresiones faciales. Los resultados suelen durar entre 4 y 6 meses.
El Ácido Hialurónico se usa como relleno facial se inyecta donde no hay músculo justo bajo la piel donde está la arruga. Resultados duraderos entre 6-9 hasta los 12 meses.

¿Cuál es el secreto para un resultado natural?

El diagnóstico es básico para proporcionar un resultado natural y satisfactorio: el primer paso es realizar un buen diagnóstico y valorar las necesidades de cada persona. Por supuesto, la pericia del profesional también es fundamental.
Lo primordial en cualquier tratamiento con Ácido Hialurónico es que acudamos a un sitio con todas las garantías sanitarias y con personal médico perfectamente preparado: debe ser aplicado por médicos especialistas en cirugía plástica estética y dermatología.

Montse García

Arrepentidas por el abuso del Botox

20 Mar

El abuso de las inyecciones paralizantes refleja la presión social para aparentar ser jóvenes. Se uniformiza un tipo de rostro poco expresivo entre los famosos

A Martin Scorsese le cuesta cada vez más encontrar actrices que transmitan emociones en los planos cortos. El director de cine estadounidense se ha declarado contrario al efecto que conlleva el abuso del botox y de los lifting que bombardean cualquier atisbo natural de comunicación no verbal. En Hollywood la plasticidad de las caras retocadas empieza a ser un inconveniente más que un bálsamo estético.

La batalla para parecer eternamente joven en un mundo cada vez más competitivo no solo atañe al ámbito del espectáculo, también se libra en la calle, aunque los hombres y las mujeres, huyen ya de los excesos y buscan una aparente naturalidad. ¿Pero cuál es el precio de parecer más jóvenes? ¿Cuál es la edad que se quiere aparentar?.

Las personas cada vez viven más años. En España, la esperanza de vida se ha elevado hasta los 78,55 años en los hombres y 84,56 para las mujeres en 2009. Además, la crisis del modelo social actual, que los expertos hablan de cambiante, líquido, instalado en lo reversible, lo provisional, hace un buen maridaje con las cirugías estéticas no invasivas. Se trata del ahora me pongo, ahora me quito. La creencia de que la felicidad consiste en tener un buen aspecto físico está muy implantada. Según los expertos, la sociedad occidental tiene sobrevalorados la juventud y el culto al cuerpo.

Testimonios de mujeres famosas y de a pie que empiezan a mostrar signos de arrepentimiento por la falta de expresividad en sus rostros tras hacer uso de infiltraciones de la toxina botulínica, más conocida como botox, evidencian una tendencia a la reflexión y abren un debate sobre la necesidad de verse jóvenes sin perder el valor de la expresión.

La actriz Nicole Kidman confesó hace poco en público que no solo había sido una asidua a las inyecciones de botox, sino que estaba arrepentida y que “no le había gustado el efecto”. La cantante Sharon Osbourne, esposa de Ozzy Osbourne, ya renegó hace un par de años de su adicción al botox. Llegó a decir que le daba miedo acabar como “esa gente que parece que tiene el rostro planchado y congelado”.

Casi todo el mundo está ya familiarizado con el botox. La toxina botulínica es uno de los tratamientos antienvejecimiento más demandados actualmente. Se aplica principalmente en la mitad superior del rostro, el entrecejo es una de las zonas más habituales. Según los especialistas, esta sustancia paraliza temporalmente los músculos evitando que se contraigan, de esta forma, se previene la formación de arrugas y las existentes se suavizan hasta ser casi inapreciables. Pacientes y cirujanos lo recomiendan porque, según dicen, no requiere preparación ni cuidados posteriores, no es doloroso y no deja cicatrices. Y además, es más barato que el lifting.

No hay nada nuevo en el hecho de que las personas expuestas al público se retoquen, tampoco hay nada nuevo en que el resto de mujeres y hombres sigan los cánones de belleza que marcan el cine y la televisión. Lo que sí está cambiando es que cada vez se hace a una edad más temprana. Según un estudio realizado por la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre), el 43% de las intervenciones quirúrgicas se realizaron a pacientes de 30 a 44 años, el 35% a aquellos de más de 45 y el 22% restante, a los menores de 30. En EE UU, el 20% de las pacientes tiene menos de 34.

El auge del lifting en los años ochenta y noventa, cuando evolucionaron las técnicas quirúrgicas agresivas para modificar los signos de la vejez a edades entre los 60 y 65 años, dio paso a fórmulas menos invasivas, como el botox, que según los expertos ha revolucionado la cirugía estética en los últimos 20 años. Hoy, crece el uso de materiales de relleno, aplicaciones con láser, mesoterapia y radiofrecuencia, técnicas menos invasivas con el cuerpo pero que buscan lo mismo: detener el paso del tiempo.

La silicona, el botox y las liposucciones siguen siendo reclamo aunque han descendido con la crisis económica. España es uno de los países que más operaciones de estética efectúa, por detrás de Argentina, México y EE UU. Las cirugías faciales representaron en 2009 el 41,6% de las 105.000 operaciones de estética que se hicieron en España el año pasado, y en nueve de cada diez operaciones de cirugía la operada era una mujer. La cifra representa aproximadamente un 27% menos que el año anterior, según la Secpre.

Mientras el lifting baja, el botox sube porque es mucho más económico; 400 euros la sesión frente a los 9.000 o 12.000 euros del lifting. Aunque el botox requiere de retoques cada seis meses. Las clínicas ingresaron unos 106 millones de euros por las cirugías plásticas en 2009, lo que supone más de 1.000 euros por cada una, sin contar los honorarios de los médicos, que pueden ser parecidos a esa cifra o seis veces más altos.

Los cirujanos juegan la baza de que la satisfacción con el aspecto físico supone un beneficio para las personas en muchos ámbitos de la vida. “Por eso, carece de sentido pensar en ella como una aplicación frívola o secundaria ya que como hemos visto, la apariencia física supone un elemento central en el bienestar de las personas”, opinan en la Secpre.

Hay una frase recurrente en las consultas de cirugía plástica: “Que sea natural”. Los pechos exagerados y los labios abultados son ya historia frente a la búsqueda de resultados más naturales y sutiles. Para el cirujano plástico Jaume Masià, la cirugía es cuestión de coherencia. El responsable de la Unidad Avanzada de Reconstrucción Mamaria, Microcirugía y Linfedema de la Clínica Planas, en Barcelona, cree que hace tiempo que se ha demostrado que los cirujanos plásticos no tienen una varita mágica. “Tener 50 años y querer aparentar 20 no funciona porque se ha visto que se pierde la naturalidad cronológica. Sí es verdad que antes se abusaba con los excesos. Se trata de mejorar y optimizar cada momento en la vida de las personas y que se sientan mejor consigo mismas”, explica Masià, recientemente nombrado presidente de la Secpre.

El cirujano plástico Juan Peña lleva 30 años ejerciendo la profesión, intentando lograr resultados naturales en sus pacientes. Trabaja en el Hospital San Rafael de Madrid, además de tener una consulta privada. Asegura que todos los excesos son malos porque el sentido de la belleza es la armonía. “El criterio del médico es fundamental. Saber decir que no a un paciente a tiempo es una victoria, la fama no te la dan los pacientes que operas sino los que rechazas”.

Aunque todo el mundo sueña con la naturalidad, es la “apariencia” de la naturalidad. Joana Bonet, directora de la revista Marie Claire y colaboradora del programa Hoy por hoy de la Cadena SER opina que se trata de una falsa naturalidad. “Se ha idealizado porque vivimos en pleno apogeo del juvenismo. Ese elogio hacia la juventud se ha convertido en un icono, cuando en los años sesenta y setenta se proyectaba la belleza como imagen de la madurez y equivalía a plenitud. Ahora se vive una presión social para parecer joven. Vivimos implantados en esa impostura que por otro lado se justifica por el alargamiento de la esperanza de vida”.

Adriana, nombre ficticio, tiene 37 años y hace un año y medio probó a inyectarse botox encima de la ceja. Le gustó el efecto porque fue mínimo y por eso hace un mes repitió en un centro de estética de Madrid. Pero no resultó igual y se arrepintió desde el momento en que no sentía la frente. “Tengo la sensación de que se me ha hecho el ojo más pequeño. La gente me dice que no se nota mucho pero yo lo noto, pierdes expresividad. Hay que tener cuidado con esto porque hay gente que tiene mucho vicio y se les queda la misma cara ría, llore o esté seria. Eso me horroriza”.

A la Asociación del Defensor del Paciente llegan reclamaciones de personas que se han arrepentido porque no era lo que esperaban o porque quieren reclamar por negligencia, como por ejemplo por una parálisis facial. La presidenta de la asociación, Carmen Flores, advierte de la importancia de acudir a centros especializados para evitar prácticas poco ortodoxas. “La Administración debería tener un mayor control, porque las inyecciones las está poniendo gente que no son cirujanos, hay mucho intrusismo”, dice.

Recientemente, el cirujano facial británico Norman Waterhouse, ex presidente de la Asociación Británica de Estética y Cirujanos Plásticos aseguraba en The Guardian que el rostro edad cero, es un efecto del abuso de las cirugías. “El uso de sustancias de relleno expande la piel. Si uno las usa demasiado, a medida que desaparecen necesita más de ellas para cubrir los espacios y así es como uno queda atrapado en el ciclo botox”. Un dato: un 3% de los pacientes que acuden a un cirujano se convierten en consumidores de cirugía estética.

Los especialistas dicen que la cirugía debe servir para mejorar la autoestima o para superar complejos, nunca para parecerse a otra persona. Mientras la mayoría de la gente que se expone públicamente utiliza estos tratamientos, entre el gran público sí que hay una tendencia hacia la naturalidad, hacia la belleza natural y responsable. Esto se empieza a ver con el movimiento que se ha levantado contra el uso del photoshop y los retoques fotográficos. Corremos el peligro de convertirnos en una sociedad con una iconografía muy hierática, con rasgos muy estandarizados, con falta de matiz, de riqueza gestual y expresiva que es lo más dramático del abuso de la cirugía plástica y estética.

Fuente: El Pais.com

Montse García